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lunes, 21 de marzo de 2011

Informe Observatorio FAROS

Una vez más nos place informarle sobre la publicación del último informe que semestralmente edita el Observatorio FAROS de laadolescentes salud de la infancia y la adolescencia del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona.

El último informe trata sobre los múltiples cambios que estamos viviendo en esta primera década del siglo XX y qué repercusiones tienen sobre la vida de los adolescentes españoles. El informe lleva por título "El adolescente y su entorno en el siglo XXI. Instantánea de una década" y lo podrá consultar y descargar en el siguiente link http://faroshsjd.net/item.php?id=1877&lang=1

Una vez más nos place informarle sobre la publicación del último informe que semestralmente edita el Observatorio FAROS de laadolescentes salud de la infancia y la adolescencia del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona.

El último informe trata sobre los múltiples cambios que estamos viviendo en esta primera década del siglo XX y qué repercusiones tienen sobre la vida de los adolescentes españoles. El informe lleva por título "El adolescente y su entorno en el siglo XXI. Instantánea de una década" y lo podrá consultar y descargar en el siguiente link http://faroshsjd.net/item.php?id=1877&lang=1

martes, 23 de febrero de 2010

El mundo no es como en los mapas?

Proyección de Mercator
  • La Tierra es tridimensional e imposible de representar en un plano.
  • Hay más de 400 proyecciones cartográficas que sirven para plasmar la tierra en un mapa, según el fin que se busque.
  • Todos los mapas tienen filtros técnicos e ideológicos.



Cojan el mapa del mundo que estudiaron en el colegio (o abran la ampliación del mapa sobre estas líneas) y fíjense en Groenlandia. Ahora, miren hacia el continente africano. Prácticamente son del mismo tamaño, ¿verdad? En realidad no: África tiene, aproximadamente, un área catorce veces mayor que Groenlandia.
¿Nos mienten los mapas? ¿Están equivocados? ¿Es una conspiración del mundo desarrollado para minimizar el "más pobre" hemisferio sur hasta en los mapas?

La dificultad de hacer un mapa
La Tierra se asemeja a un geoide (un término que recoge la forma de nuestro planeta: una esfera achatada por los polos y ensanchada por el Ecuador), es decir, tiene tres dimensiones, mientras que un mapa es un plano, de dos dimensiones. Para hacer esa transformación, de tres a dos dimensiones, hay que recurrir a unos cálculos geométricos llamados proyecciones. Hay más de 400 diferentes y ninguna representa de forma exacta nuestro planeta.

"No se pueden conservar todos las aspectos de la Tierra en un mapa: obligatoriamente tienes que ir a una distorsión, ya sea en área, en ángulos, en distancia, etc", explica Isabel del Bosque, ingeniera superior en Geodesia y Cartografía y responsable de la Unidad de Sistema de Información Geográfica- CCHS del CSIC. "Se trata de jugar con las distorsiones".

Una de las más conocidas, y la más usada hasta el siglo XX, es la proyección de Mercator, realizada en el siglo XVI por el cartógrafo flamenco del mismo nombre.


Mapa de Peters
Matemáticamente, la proyección de Mercator es muy rigurosa y mantiene los ángulos, pero tiene un problema. "Es como si tú metieras un cilindro en el globo terráqueo", de manera que el Ecuador fuera la única línea que tocara todos los puntos del cilindro por su parte interior. "Si proyectaras después todos los puntos de la Tierra en ese cilindro y lo de desenrollaras, las zonas ecuatoriales serían las únicas no se deformarían", porque están pegando al cilindro. Pero, a medida que te alejas del Ecuador, "las áreas se deforman y se agrandan" al no estar en contacto con las paredes del cilíndro, para llenar la zona superficie del plano, explica Del Bosque. De ahí vienen deformaciones como la comentada de Groenlandia o por qué Alaska parece más grande qué Méjico, cuando no lo es. Peters contra Mercator
En los años 70 del siglo XX, un historiador alemán llamado Arno Peters sacó a la luz un nuevo mapa del mundo, basado en la proyección de Gall (del siglo XIX). La proyección Gall-Peters, según su creador, mostraba una visión más real del mundo porque ilustraba las superficies de forma real.
Su anuncio desató una gran polémica y tuvo su reconocimiento (el canciller alemán Willy Brandt y la UNESCO, entre otros, lo alabaron). Su mapa llegó a vender 80 millones de copias. Algunos llegaron a llamarlo el "mapa real del mundo" y Peters lo vendió como una "revolución social ", en contraposición a Mercator, que, según él, había creado una visión eurocentrista y colonialista del mundo.

Sin embargo, a pesar de su éxito popular, el mapa de Peters no obtuvo el mismo reconocimiento entre los cartógrafos. José Martín López, profesor emérito de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros en Topografía, Geodesia y Cartografía de la Universidad Politécnica de Madrid, escribió en los ochenta un artículo en España contra el mapa del alemán. Martín López criticaba la intención de Peters de querer convertir su proyección en la única correcta, en vez de declararla como una proyección más, con sus virtudes (las superficies) y sus problemas (la distorsión de las formas: África aparece muy alargada). Los escasos conocimientos matemáticos de Peters y que patentara su mapa (y se enriqueciera con su venta) no ayudaron a que fuera considerado por algunos cartógrafos.

"En lo que Peters era un verdadero genio era en propaganda, hizo su mapa para venderlo en el tercer mundo", asegura Martín López. No es raro: Peters centró la disertación de su doctorado en la propaganda política.

Proyección de Winkel-Triple

El objetivo de una proyección
"Hay que tener muy claro que un buen mapa, para los cartógrafos, es aquel que se utiliza de forma apropiada para el propósito que se hizo", explica Isabel del Bosque. La de Mercator, y ya lo decía su título en latín, estaba destinada al problema de su tiempo: la navegación con brújula. Y por ello, realizó una proyección que mantenía ángulos y formas. No lo debió hacer mal, pues se sigue utilizando para navegación.
"Los mapas basados en proyecciones cilíndricas, como la de Mercator, no son los más adecuados para la educación porque distorsionan las superficies", explica Felipe Hernando, profesor de Geografía de la Universidad Complutense de Madrid, "por eso se puso de moda el de Peters, que da una imagen distorsionada, pero más realista en cuanto a la superficie". Actualmente, a excepción de algunas ONG, pocas instituciones utilizan este mapa.
En lo que sí acertó Peters es en el uso ideológico de los mapas, que, por cierto, también dio al suyo. "Los mapas son ideología, detrás de cada mapa hay un mensaje: un cartógrafo está subvencionado por un mecenas, por gobiernos, por ejércitos", analiza Felipe Hernando, que concluye, "los mapas se hacen con finalidades y una es el control y dominio del contenido, del territorio que representan".
Hay más de 400 proyecciones y siguen saliendo nuevas: la de Lambert (utilizada en un principio para la artillería), la de Robinson, la UTM (utilizada por el Instituto Geográfico de España), la Winkle-Triple (que utiliza la National Geographic Society)... Y para todos los fines pensables: para los satélites o incluso para realizar mapas para que los fieles musulmanes sepan dónde está La Meca.

El gran dilema: ¿representación o realidad?
Ni siquiera con los grandes avances técnicos, el problema de esta representación se ha solucionado. Los MDT (Modelo Digital del Terreno) añaden las tres dimensiones, pero no solucionan el problema.


"Siguen siendo, como los mapas tradicionales,  representaciones simbólicas con códigos", explica Hernando. "La altimetría se exagera para hacer visibles los accidentes geográficos como las montañas, porque si no resultaría todo muy plano". Es decir, no sólo no se solventa el problema sino que se agrava con más factores a tener en cuenta.
"Todos son representaciones simbólicas que se asemejan a la realidad, pero no lo son: tienen filtros técnicos, ideológicos, etc", explica este profesor de geografía. Ni Google Maps (que utiliza una proyección cilíndrica de tipo Mercator), ni los satélites, son la realidad, "es el dilema del siglo XXI: realidad o representación. Mátrix es una película muy cartográfica porque plantea ese mismo debate. La gente y los geógrafos confundimos a veces la realidad con los mapas".

Proyección de Mercator
  • La Tierra es tridimensional e imposible de representar en un plano.
  • Hay más de 400 proyecciones cartográficas que sirven para plasmar la tierra en un mapa, según el fin que se busque.
  • Todos los mapas tienen filtros técnicos e ideológicos.



Cojan el mapa del mundo que estudiaron en el colegio (o abran la ampliación del mapa sobre estas líneas) y fíjense en Groenlandia. Ahora, miren hacia el continente africano. Prácticamente son del mismo tamaño, ¿verdad? En realidad no: África tiene, aproximadamente, un área catorce veces mayor que Groenlandia.
¿Nos mienten los mapas? ¿Están equivocados? ¿Es una conspiración del mundo desarrollado para minimizar el "más pobre" hemisferio sur hasta en los mapas?

La dificultad de hacer un mapa
La Tierra se asemeja a un geoide (un término que recoge la forma de nuestro planeta: una esfera achatada por los polos y ensanchada por el Ecuador), es decir, tiene tres dimensiones, mientras que un mapa es un plano, de dos dimensiones. Para hacer esa transformación, de tres a dos dimensiones, hay que recurrir a unos cálculos geométricos llamados proyecciones. Hay más de 400 diferentes y ninguna representa de forma exacta nuestro planeta.

"No se pueden conservar todos las aspectos de la Tierra en un mapa: obligatoriamente tienes que ir a una distorsión, ya sea en área, en ángulos, en distancia, etc", explica Isabel del Bosque, ingeniera superior en Geodesia y Cartografía y responsable de la Unidad de Sistema de Información Geográfica- CCHS del CSIC. "Se trata de jugar con las distorsiones".

Una de las más conocidas, y la más usada hasta el siglo XX, es la proyección de Mercator, realizada en el siglo XVI por el cartógrafo flamenco del mismo nombre.


Mapa de Peters
Matemáticamente, la proyección de Mercator es muy rigurosa y mantiene los ángulos, pero tiene un problema. "Es como si tú metieras un cilindro en el globo terráqueo", de manera que el Ecuador fuera la única línea que tocara todos los puntos del cilindro por su parte interior. "Si proyectaras después todos los puntos de la Tierra en ese cilindro y lo de desenrollaras, las zonas ecuatoriales serían las únicas no se deformarían", porque están pegando al cilindro. Pero, a medida que te alejas del Ecuador, "las áreas se deforman y se agrandan" al no estar en contacto con las paredes del cilíndro, para llenar la zona superficie del plano, explica Del Bosque. De ahí vienen deformaciones como la comentada de Groenlandia o por qué Alaska parece más grande qué Méjico, cuando no lo es. Peters contra Mercator
En los años 70 del siglo XX, un historiador alemán llamado Arno Peters sacó a la luz un nuevo mapa del mundo, basado en la proyección de Gall (del siglo XIX). La proyección Gall-Peters, según su creador, mostraba una visión más real del mundo porque ilustraba las superficies de forma real.
Su anuncio desató una gran polémica y tuvo su reconocimiento (el canciller alemán Willy Brandt y la UNESCO, entre otros, lo alabaron). Su mapa llegó a vender 80 millones de copias. Algunos llegaron a llamarlo el "mapa real del mundo" y Peters lo vendió como una "revolución social ", en contraposición a Mercator, que, según él, había creado una visión eurocentrista y colonialista del mundo.

Sin embargo, a pesar de su éxito popular, el mapa de Peters no obtuvo el mismo reconocimiento entre los cartógrafos. José Martín López, profesor emérito de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros en Topografía, Geodesia y Cartografía de la Universidad Politécnica de Madrid, escribió en los ochenta un artículo en España contra el mapa del alemán. Martín López criticaba la intención de Peters de querer convertir su proyección en la única correcta, en vez de declararla como una proyección más, con sus virtudes (las superficies) y sus problemas (la distorsión de las formas: África aparece muy alargada). Los escasos conocimientos matemáticos de Peters y que patentara su mapa (y se enriqueciera con su venta) no ayudaron a que fuera considerado por algunos cartógrafos.

"En lo que Peters era un verdadero genio era en propaganda, hizo su mapa para venderlo en el tercer mundo", asegura Martín López. No es raro: Peters centró la disertación de su doctorado en la propaganda política.

Proyección de Winkel-Triple

El objetivo de una proyección
"Hay que tener muy claro que un buen mapa, para los cartógrafos, es aquel que se utiliza de forma apropiada para el propósito que se hizo", explica Isabel del Bosque. La de Mercator, y ya lo decía su título en latín, estaba destinada al problema de su tiempo: la navegación con brújula. Y por ello, realizó una proyección que mantenía ángulos y formas. No lo debió hacer mal, pues se sigue utilizando para navegación.
"Los mapas basados en proyecciones cilíndricas, como la de Mercator, no son los más adecuados para la educación porque distorsionan las superficies", explica Felipe Hernando, profesor de Geografía de la Universidad Complutense de Madrid, "por eso se puso de moda el de Peters, que da una imagen distorsionada, pero más realista en cuanto a la superficie". Actualmente, a excepción de algunas ONG, pocas instituciones utilizan este mapa.
En lo que sí acertó Peters es en el uso ideológico de los mapas, que, por cierto, también dio al suyo. "Los mapas son ideología, detrás de cada mapa hay un mensaje: un cartógrafo está subvencionado por un mecenas, por gobiernos, por ejércitos", analiza Felipe Hernando, que concluye, "los mapas se hacen con finalidades y una es el control y dominio del contenido, del territorio que representan".
Hay más de 400 proyecciones y siguen saliendo nuevas: la de Lambert (utilizada en un principio para la artillería), la de Robinson, la UTM (utilizada por el Instituto Geográfico de España), la Winkle-Triple (que utiliza la National Geographic Society)... Y para todos los fines pensables: para los satélites o incluso para realizar mapas para que los fieles musulmanes sepan dónde está La Meca.

El gran dilema: ¿representación o realidad?
Ni siquiera con los grandes avances técnicos, el problema de esta representación se ha solucionado. Los MDT (Modelo Digital del Terreno) añaden las tres dimensiones, pero no solucionan el problema.


"Siguen siendo, como los mapas tradicionales,  representaciones simbólicas con códigos", explica Hernando. "La altimetría se exagera para hacer visibles los accidentes geográficos como las montañas, porque si no resultaría todo muy plano". Es decir, no sólo no se solventa el problema sino que se agrava con más factores a tener en cuenta.
"Todos son representaciones simbólicas que se asemejan a la realidad, pero no lo son: tienen filtros técnicos, ideológicos, etc", explica este profesor de geografía. Ni Google Maps (que utiliza una proyección cilíndrica de tipo Mercator), ni los satélites, son la realidad, "es el dilema del siglo XXI: realidad o representación. Mátrix es una película muy cartográfica porque plantea ese mismo debate. La gente y los geógrafos confundimos a veces la realidad con los mapas".

El bloqueo cerebral del niño

Hacerse pipí en la cama, tener rabietas o escasa tolerancia a la frustración, participar en un juego familiar o no saber perder pueden ser síntomas de una causa más profunda: "Un cerebro que está bloqueado". La mejor forma para entenderlo es explicar un caso concreto. 

Luis es un chico de trece años que acude por primera vez al médico. Los padres explican que, a los dos años, era un niño alegre, juguetón y vivaz, aunque algo sensible e inquieto. Comentan un desarrollo tardío del lenguaje, de modo que en la guardería les aconsejaron aplicar un tratamiento de logopedia desde los tres a los cinco años. La respuesta fue bastante satisfactoria.
En el parvulario les comentan que el niño tiene dificultades para discriminar las formas y que, a pesar de ser un chico listo, le cuesta aprender los colores. A los cuatro años les dicen que le cuesta distinguir las vocales y los números, que los hace al revés y, finalmente, le diagnostican dislexia. Por este motivo, se ponen en manos de una reeducadora y Luis recibe un tratamiento desde los seis a los nueve años. Repite el segundo y cuarto cursos de Primaria.

Los padres están desalentados porque han probado todos los sistemas: premios, castigos, amenazas, etc., para intentar que Luis se concentre, estudie y haga los deberes. Él empieza a estar muy deprimido, desganado y desmotivado, hasta el punto que ya no quiere ir al colegio porque no se siente a gusto con sus compañeros. La madre explica que a los cuatro meses de embarazo tuvo pérdidas y estuvo muy preocupada porque creía que iba a perder al bebé. El parto fue provocado y acabaron utilizando fórceps. Luis empezó a andar a los diez meses, después de haber usado "parque" y andadores.


Hace poco se detectó un desarrollo muy desorganizado de su psicomotricidad, con problemas para utilizar mecanismos de coordinación propios de su edad. También se evidenciaron grandes dificultades para mover bien los ojos. Los ojos de Luis son torpes, se mueven con lentitud e ineficacia y le impiden leer bien. Además, presenta un problema grave de visión en el ojo derecho que, hasta el momento, nadie le había detectado.


Es un niño diestro -escribe con la mano derecha-, que utiliza el ojo izquierdo como dominante. Por lo tanto, no ha conseguido construir un buen sistema de ordenamiento de la información a nivel cerebral. No posee unas coordenadas, se pierde en el espacio y en el tiempo.


A los seis años, sus padres habían recibido la noticia de que Luis tenía un coeficiente intelectual absolutamente normal. Y, efectivamente, es despierto, pero no sabe definir muy bien las diferencias que existen entre una decena y una centena y sigue sin entender las operaciones "llevando". Además de ser inteligente, es muy sensible y se siente enormemente fracasado al comprobar que no se aclara en el mundo de los códigos. Se siente muy distinto de los demás.

Esta historia corresponde a un caso típico de "bloqueo cerebral". Es el caso de un cerebro sano, que llega a este planeta después de vivir una amenaza de "muerte" al cuarto mes de gestación, que nace en unas condiciones ligeramente "traumáticas", pero llega a nuestro regazo con un riquísimo proyecto para desarrollar y que detiene su proceso de maduración en el momento en que se establece un choque intenso entre sus capacidades reales y las exigencias del medio. Si observamos a nuestro alrededor, seguro que podemos identificar alguno de estos niños que tiene algunas dificultades porque nadie ha descubierto la causa de su problema.

La raíz del problema es un trastorno de desarrollo que afecta a los mecanismos básicos de comunicación entre los dos hemisferios y una marcada pobreza de la función visual que bloquea totalmente el ojo derecho, que debería ser su ojo dominante. Imagínate cómo puede funcionar un "sistema nervioso" en el que el oído dominante es el derecho, el ojo dominante el izquierdo, los dos hemisferios cerebrales se comunican mal y trasvasan poca información y los mecanismos de respuesta parten del lado derecho (mano derecha).

No es de extrañar que el chico se haga pipí en la cama, manifieste en casa conductas que desesperan a los padres (rabietas, escasa tolerancia a la frustración, incapacidad para participar en un juego familiar y perder, etc) porque consideran que no supera la conducta de un niño de cuatro años. Después de diversas exploraciones se comprobó que, efectivamente, su nivel de desarrollo no supera los cuatro años, tanto desde el punto de vista afectivo, como de organización mental. Pero no debemos olvidar que es un chico listo e inteligente, que no ha conseguido construir mecanismos de codificación y decodificación y que está fraguando un futuro muy complejo.

La solución es tratar las causas y llegar a desbloquear el sistema Los padres aceptaron trabajar en las causas del problema y el propio Luis estaba con unas ganas tremendas de resolver sus dificultades y poder llegar a demostrar todo lo que sus sistemas de función pueden dar de sí. La clave del éxito está en entender el desarrollo infantil desde una concepción global.

Cuando un niño presenta un problema de maduración o de rendimiento, hay que estudiarlo primero desde el punto de vista funcional, hacer un diagnóstico causal y, en todo caso, remitirle a un profesional especializado en un tema determinado, que se considere prioritario. En el caso de Luis, se dio a los padres y a los educadores unas determinadas estrategias educativas: unos ejercicios para organizar el trabajo combinado de los dos hemisferios cerebrales y mejorar la respuesta motora, un tratamiento biológico que facilitara el desbloqueo y, además, la ayuda de un optómetra para mejorar la funcionalidad de su visión.
Lo que no se debe hacer es aplicar, indiscriminadamente, tratamientos dirigidos a suprimir o modificar los síntomas que presenta, siguiendo el procedimiento de la lógica simplista que propone: si el niño no se sienta, hay que colocarle sentado; si no anda, hay que ponerlo de pie; si no habla, hay que enseñarle a hablar; si no lee o le cuesta leer, tiene que leer una hora cada día; y si no aprende, hay que repetirle muchas veces aquello que no entiende.

Hacerse pipí en la cama, tener rabietas o escasa tolerancia a la frustración, participar en un juego familiar o no saber perder pueden ser síntomas de una causa más profunda: "Un cerebro que está bloqueado". La mejor forma para entenderlo es explicar un caso concreto. 

Luis es un chico de trece años que acude por primera vez al médico. Los padres explican que, a los dos años, era un niño alegre, juguetón y vivaz, aunque algo sensible e inquieto. Comentan un desarrollo tardío del lenguaje, de modo que en la guardería les aconsejaron aplicar un tratamiento de logopedia desde los tres a los cinco años. La respuesta fue bastante satisfactoria.
En el parvulario les comentan que el niño tiene dificultades para discriminar las formas y que, a pesar de ser un chico listo, le cuesta aprender los colores. A los cuatro años les dicen que le cuesta distinguir las vocales y los números, que los hace al revés y, finalmente, le diagnostican dislexia. Por este motivo, se ponen en manos de una reeducadora y Luis recibe un tratamiento desde los seis a los nueve años. Repite el segundo y cuarto cursos de Primaria.

Los padres están desalentados porque han probado todos los sistemas: premios, castigos, amenazas, etc., para intentar que Luis se concentre, estudie y haga los deberes. Él empieza a estar muy deprimido, desganado y desmotivado, hasta el punto que ya no quiere ir al colegio porque no se siente a gusto con sus compañeros. La madre explica que a los cuatro meses de embarazo tuvo pérdidas y estuvo muy preocupada porque creía que iba a perder al bebé. El parto fue provocado y acabaron utilizando fórceps. Luis empezó a andar a los diez meses, después de haber usado "parque" y andadores.


Hace poco se detectó un desarrollo muy desorganizado de su psicomotricidad, con problemas para utilizar mecanismos de coordinación propios de su edad. También se evidenciaron grandes dificultades para mover bien los ojos. Los ojos de Luis son torpes, se mueven con lentitud e ineficacia y le impiden leer bien. Además, presenta un problema grave de visión en el ojo derecho que, hasta el momento, nadie le había detectado.


Es un niño diestro -escribe con la mano derecha-, que utiliza el ojo izquierdo como dominante. Por lo tanto, no ha conseguido construir un buen sistema de ordenamiento de la información a nivel cerebral. No posee unas coordenadas, se pierde en el espacio y en el tiempo.


A los seis años, sus padres habían recibido la noticia de que Luis tenía un coeficiente intelectual absolutamente normal. Y, efectivamente, es despierto, pero no sabe definir muy bien las diferencias que existen entre una decena y una centena y sigue sin entender las operaciones "llevando". Además de ser inteligente, es muy sensible y se siente enormemente fracasado al comprobar que no se aclara en el mundo de los códigos. Se siente muy distinto de los demás.

Esta historia corresponde a un caso típico de "bloqueo cerebral". Es el caso de un cerebro sano, que llega a este planeta después de vivir una amenaza de "muerte" al cuarto mes de gestación, que nace en unas condiciones ligeramente "traumáticas", pero llega a nuestro regazo con un riquísimo proyecto para desarrollar y que detiene su proceso de maduración en el momento en que se establece un choque intenso entre sus capacidades reales y las exigencias del medio. Si observamos a nuestro alrededor, seguro que podemos identificar alguno de estos niños que tiene algunas dificultades porque nadie ha descubierto la causa de su problema.

La raíz del problema es un trastorno de desarrollo que afecta a los mecanismos básicos de comunicación entre los dos hemisferios y una marcada pobreza de la función visual que bloquea totalmente el ojo derecho, que debería ser su ojo dominante. Imagínate cómo puede funcionar un "sistema nervioso" en el que el oído dominante es el derecho, el ojo dominante el izquierdo, los dos hemisferios cerebrales se comunican mal y trasvasan poca información y los mecanismos de respuesta parten del lado derecho (mano derecha).

No es de extrañar que el chico se haga pipí en la cama, manifieste en casa conductas que desesperan a los padres (rabietas, escasa tolerancia a la frustración, incapacidad para participar en un juego familiar y perder, etc) porque consideran que no supera la conducta de un niño de cuatro años. Después de diversas exploraciones se comprobó que, efectivamente, su nivel de desarrollo no supera los cuatro años, tanto desde el punto de vista afectivo, como de organización mental. Pero no debemos olvidar que es un chico listo e inteligente, que no ha conseguido construir mecanismos de codificación y decodificación y que está fraguando un futuro muy complejo.

La solución es tratar las causas y llegar a desbloquear el sistema Los padres aceptaron trabajar en las causas del problema y el propio Luis estaba con unas ganas tremendas de resolver sus dificultades y poder llegar a demostrar todo lo que sus sistemas de función pueden dar de sí. La clave del éxito está en entender el desarrollo infantil desde una concepción global.

Cuando un niño presenta un problema de maduración o de rendimiento, hay que estudiarlo primero desde el punto de vista funcional, hacer un diagnóstico causal y, en todo caso, remitirle a un profesional especializado en un tema determinado, que se considere prioritario. En el caso de Luis, se dio a los padres y a los educadores unas determinadas estrategias educativas: unos ejercicios para organizar el trabajo combinado de los dos hemisferios cerebrales y mejorar la respuesta motora, un tratamiento biológico que facilitara el desbloqueo y, además, la ayuda de un optómetra para mejorar la funcionalidad de su visión.
Lo que no se debe hacer es aplicar, indiscriminadamente, tratamientos dirigidos a suprimir o modificar los síntomas que presenta, siguiendo el procedimiento de la lógica simplista que propone: si el niño no se sienta, hay que colocarle sentado; si no anda, hay que ponerlo de pie; si no habla, hay que enseñarle a hablar; si no lee o le cuesta leer, tiene que leer una hora cada día; y si no aprende, hay que repetirle muchas veces aquello que no entiende.

jueves, 18 de febrero de 2010

A mi hijo le cuesta hacer amigos

Es común que el niño de 4 años pregunte a su madre si puede invitar a un amiguito a casa después del colegio. Y es que a esta edad el pequeño dispone de unas habilidades sociales que facilitan el juego comunitario. Le resulta más fácil compartir los juguetes porque tiene un sentido del “yo” más asentado que hace un año, cuando dejar un juguete a otro niño era casi el equivalente a prestarle una parte de sí mismo. Ahora ya no lo siente así.

Es capaz de renunciar a una idea suya para que el juego prosiga: “Bueno, jugamos a la pelota en vez de ir a los columpios”.

Sabe negociar y hacer tratos: “Te dejo poner tus coches ahí si tú me dejas colocar mis camiones en este otro lado”.
Su habilidad verbal es mayor y dispone de palabras para expresar lo que quiere, lo que desea y lo que le gusta.

Tu ayuda es esencial
Pero también hay niños que presentan dificultades para conectar con los demás. Esto puede deberse a que son emocionalmente inmaduros o muy introvertidos, a que no han tenido demasiadas oportunidades para estar con otros niños, a que su habla es retrasada para su edad, a que les cuesta entender las normas sociales.

En cualquier caso, estos niños necesitan ayuda para saber cómo participar. Si tu hijo es uno de ellos, explícale que la manera más fácil de acercarse a otros niños es recurriendo a frases tan sencillas como “¿puedo jugar yo también?” o “¿me prestas tu juguete?”.

Tu hijo está pasando ahora a un ambiente social más complejo, lo que implica que sus relaciones empiezan a ser más intensas y, como consecuencia, también sus emociones. Descubrirá lo que es el amor, el compañerismo, el compartir. Pero también el engaño, la decepción y el rechazo.

Si a tu hijo le sucede, puedes ayudarle de dos maneras: mostrando interés por lo que le ha pasado y explicándole lo que siente para enseñarle a discernir entre sus muchas emociones. Así se comprenderá mejor a sí mismo y también entenderá mejor el comportamiento de los otros, lo que aliviará notablemente su sensación de malestar.

¿Y si siempre está solo?
Es normal que sufras si observas que tu hijo no tiene amigos, pero en lugar de limitarte a sentir pena, actúa. Para ello, analiza su situación y su manera de comportarse cuando hay niños cerca.

Puede que todavía no sea lo bastante maduro como para entablar una relación. En este caso, para él será suficiente con observar el juego de los demás; éste es su modo de participar por ahora y se siente bien así. Con el tiempo se lanzará a realizar las mismas actividades que el resto, como uno más, y empezará a hacerse amigos.

Por el contrario, si tu hijo te dice que está triste porque no tiene amigos y verdaderamente es así, ponte manos a la obra inmediatamente: invita con cierta frecuencia a algún compañero de su clase a casa, queda con vecinas que tengan niños de la edad del tuyo, llévale al parque todos los días un ratito y pide a su profesora que le siente al lado de algún niño que sea muy abierto.

La influencia de la personalidad
El niño extrovertido sabe relacionarse muy bien, pero se llevará decepciones que hay que ayudarle a encajar. El tímido necesita tiempo y ocasiones para entablar contactos. Observa el juego antes de participar.

El líder está siempre rodeado de amigos. Hay que explicarle cómo viven las situaciones los demás, porque su afán por organizar puede llevarle a ser muy exigente.

El niño seguidor participa en los juegos que idean otros. Es importante animarle a desarrollar su propio criterio. El solitario no necesita compañía para estar a gusto. Hay que respetarle, pero conviene propiciar sus contactos apuntándole a actividades y evitando que abuse de la tele.

Es común que el niño de 4 años pregunte a su madre si puede invitar a un amiguito a casa después del colegio. Y es que a esta edad el pequeño dispone de unas habilidades sociales que facilitan el juego comunitario. Le resulta más fácil compartir los juguetes porque tiene un sentido del “yo” más asentado que hace un año, cuando dejar un juguete a otro niño era casi el equivalente a prestarle una parte de sí mismo. Ahora ya no lo siente así.

Es capaz de renunciar a una idea suya para que el juego prosiga: “Bueno, jugamos a la pelota en vez de ir a los columpios”.

Sabe negociar y hacer tratos: “Te dejo poner tus coches ahí si tú me dejas colocar mis camiones en este otro lado”.
Su habilidad verbal es mayor y dispone de palabras para expresar lo que quiere, lo que desea y lo que le gusta.

Tu ayuda es esencial
Pero también hay niños que presentan dificultades para conectar con los demás. Esto puede deberse a que son emocionalmente inmaduros o muy introvertidos, a que no han tenido demasiadas oportunidades para estar con otros niños, a que su habla es retrasada para su edad, a que les cuesta entender las normas sociales.

En cualquier caso, estos niños necesitan ayuda para saber cómo participar. Si tu hijo es uno de ellos, explícale que la manera más fácil de acercarse a otros niños es recurriendo a frases tan sencillas como “¿puedo jugar yo también?” o “¿me prestas tu juguete?”.

Tu hijo está pasando ahora a un ambiente social más complejo, lo que implica que sus relaciones empiezan a ser más intensas y, como consecuencia, también sus emociones. Descubrirá lo que es el amor, el compañerismo, el compartir. Pero también el engaño, la decepción y el rechazo.

Si a tu hijo le sucede, puedes ayudarle de dos maneras: mostrando interés por lo que le ha pasado y explicándole lo que siente para enseñarle a discernir entre sus muchas emociones. Así se comprenderá mejor a sí mismo y también entenderá mejor el comportamiento de los otros, lo que aliviará notablemente su sensación de malestar.

¿Y si siempre está solo?
Es normal que sufras si observas que tu hijo no tiene amigos, pero en lugar de limitarte a sentir pena, actúa. Para ello, analiza su situación y su manera de comportarse cuando hay niños cerca.

Puede que todavía no sea lo bastante maduro como para entablar una relación. En este caso, para él será suficiente con observar el juego de los demás; éste es su modo de participar por ahora y se siente bien así. Con el tiempo se lanzará a realizar las mismas actividades que el resto, como uno más, y empezará a hacerse amigos.

Por el contrario, si tu hijo te dice que está triste porque no tiene amigos y verdaderamente es así, ponte manos a la obra inmediatamente: invita con cierta frecuencia a algún compañero de su clase a casa, queda con vecinas que tengan niños de la edad del tuyo, llévale al parque todos los días un ratito y pide a su profesora que le siente al lado de algún niño que sea muy abierto.

La influencia de la personalidad
El niño extrovertido sabe relacionarse muy bien, pero se llevará decepciones que hay que ayudarle a encajar. El tímido necesita tiempo y ocasiones para entablar contactos. Observa el juego antes de participar.

El líder está siempre rodeado de amigos. Hay que explicarle cómo viven las situaciones los demás, porque su afán por organizar puede llevarle a ser muy exigente.

El niño seguidor participa en los juegos que idean otros. Es importante animarle a desarrollar su propio criterio. El solitario no necesita compañía para estar a gusto. Hay que respetarle, pero conviene propiciar sus contactos apuntándole a actividades y evitando que abuse de la tele.

Los niños y la televisión

La TV... Más conocimientos de lo que pensamos...
Aunque no lo parezca, la tele nos embrutece. Aporta a los niños una mina de conocimientos y de informaciones... que a veces son difíciles de poner en orden. Según Maguy Chailley, catedrática en Ciencias de la Educación, “los pequeños aprenden vocabulario, descubren el mundo científico, la geografía, las diferencias culturales” (L’Express 11/2002). Un comentario muy acertado para los programas juveniles o emisiones para público infantil tales como “Barrio Sésamo”. El problema es que nuestros niños no ven solamente estas emisiones (que les encantan) sino que también absorben otras con sus padres, hermanos y hermanas mayores, en casa de la niñera... Y ahí es donde radica el problema. No estamos lo suficientemente atentos a esta visualización pasiva.

El estrés de la tele
El célebre pediatra T. Berry Brazelton ha descrito lo que se conoce como el “estrés de la tele” en casa de los niños. El simple hecho de visualizar imágenes pone al niño en un estado de tensión particular, tanto mayor cuanto más joven es. El niño, delante de la pantalla, moviliza toda su capacidad de atención. “Su cuerpo está pasivo pero tenso, su sistema cardiovascular está al máximo de actividad; la tensión muscular muestra un niño estresado y no un niño relajado... Hay que preguntarse sobre las consecuencias  que la televisión provoca en los niños pequeños, de entre uno y cuatro años. A esta edad, la capacidad de soportar experiencias intensas está limitada”. Paradójicamente, esta tensión está acompañada de inactividad, nefasta para los niños. E incluso es peor cuando esta pasividad está acompañada por picoteos constantes. Se reúnen todas las condiciones para que un niño normal se convierta en un pequeño obeso.

Imágenes impresionantes
Las imágenes son impresionantes para los niños, en sentido literal: dejan una huella en su psiquismo. Esto es así para las “buenas” imágenes, pero lo es sobre todo con las imágenes violentas, contra las cuales un pequeño no puede defenderse: está invadido literalmente por éstas, sin ningún medio, ni cultural ni psíquico, de analizarlo. A esta invasión siguen dos consecuencias: el espanto, con su cortejo de pesadillas y miedos irracionales e, indirectamente, dificultades de comportamiento: agresividad o reproducción de gestos vistos en la pantalla. Para persuadirte de lo fundado de estas reflexiones, es suficiente con vigilar las reacciones de tu hijo delante de la tele: ¿un programa ruidoso, agitado? Puedes esperar la excitación a partir del momento en el que apagues el aparato.

Nada de tele antes de los dos o tres años
Los pediatras son unánimes: nada de tele antes de 3-4 años. El famoso estrés es demasiado importante y las imágenes demasiado invasoras para los pequeños con un sistema nervioso aún inmaduro. Evita, pues, poner a tu bebé en su asiento delante de la tele, durante el tiempo que empleas para preparar la comida.
Después de esta edad, el tiempo delante de la tele tiene que ser imperativamente limitado: no más de 30 minutos hasta los 5 años, después no más de una hora. Esta hora de tele tiene que estar acompañada por los padres. Instálate en el sillón con tu hija o hijo, elige el programa y quédate con él, con el fin de permitirle comentar, preguntar, responder y explicar. Esta actitud “activa” frente a las imágenes permite al niño tener perspectiva respecto a éstas, adquirir costumbres críticas (ya no reciben las imágenes de forma literal), en resumen, estructurarlas. Explícale, muéstrale los detalles que permiten a los pequeños descifrar: explícale, por ejemplo, cómo se hacen los dibujos animados, descompón los efectos especiales, háblale de los estudios de televisión. En definitiva, en este campo, ayúdale a no creer en los cuentos de hadas... La tele no es mágica.

¿En qué momento es mejor que vea la tele?
Es mejor que no sea siempre a la misma hora, ya que podría convertirse en una especie de cita, asumido enseguida como una rutina y una obligación. Para evitar discusiones o lloros, proponle otra actividad a la hora del programa ¡y no hables del mismo! En cualquier caso, nada de tele por la mañana, momento del día en el que los niños están más receptivos. Prefiere el final del día aunque, no demasiado tarde.

Sed claros con vuestros hijos: indicadles las reglas del juego y sed firmes. ¡Cuando se pasa la hora, se apaga! ¿Un gran capricho? No es grave. Permanece intratable: la próxima vez no habrá recriminaciones.

La TV... Más conocimientos de lo que pensamos...
Aunque no lo parezca, la tele nos embrutece. Aporta a los niños una mina de conocimientos y de informaciones... que a veces son difíciles de poner en orden. Según Maguy Chailley, catedrática en Ciencias de la Educación, “los pequeños aprenden vocabulario, descubren el mundo científico, la geografía, las diferencias culturales” (L’Express 11/2002). Un comentario muy acertado para los programas juveniles o emisiones para público infantil tales como “Barrio Sésamo”. El problema es que nuestros niños no ven solamente estas emisiones (que les encantan) sino que también absorben otras con sus padres, hermanos y hermanas mayores, en casa de la niñera... Y ahí es donde radica el problema. No estamos lo suficientemente atentos a esta visualización pasiva.

El estrés de la tele
El célebre pediatra T. Berry Brazelton ha descrito lo que se conoce como el “estrés de la tele” en casa de los niños. El simple hecho de visualizar imágenes pone al niño en un estado de tensión particular, tanto mayor cuanto más joven es. El niño, delante de la pantalla, moviliza toda su capacidad de atención. “Su cuerpo está pasivo pero tenso, su sistema cardiovascular está al máximo de actividad; la tensión muscular muestra un niño estresado y no un niño relajado... Hay que preguntarse sobre las consecuencias  que la televisión provoca en los niños pequeños, de entre uno y cuatro años. A esta edad, la capacidad de soportar experiencias intensas está limitada”. Paradójicamente, esta tensión está acompañada de inactividad, nefasta para los niños. E incluso es peor cuando esta pasividad está acompañada por picoteos constantes. Se reúnen todas las condiciones para que un niño normal se convierta en un pequeño obeso.

Imágenes impresionantes
Las imágenes son impresionantes para los niños, en sentido literal: dejan una huella en su psiquismo. Esto es así para las “buenas” imágenes, pero lo es sobre todo con las imágenes violentas, contra las cuales un pequeño no puede defenderse: está invadido literalmente por éstas, sin ningún medio, ni cultural ni psíquico, de analizarlo. A esta invasión siguen dos consecuencias: el espanto, con su cortejo de pesadillas y miedos irracionales e, indirectamente, dificultades de comportamiento: agresividad o reproducción de gestos vistos en la pantalla. Para persuadirte de lo fundado de estas reflexiones, es suficiente con vigilar las reacciones de tu hijo delante de la tele: ¿un programa ruidoso, agitado? Puedes esperar la excitación a partir del momento en el que apagues el aparato.

Nada de tele antes de los dos o tres años
Los pediatras son unánimes: nada de tele antes de 3-4 años. El famoso estrés es demasiado importante y las imágenes demasiado invasoras para los pequeños con un sistema nervioso aún inmaduro. Evita, pues, poner a tu bebé en su asiento delante de la tele, durante el tiempo que empleas para preparar la comida.
Después de esta edad, el tiempo delante de la tele tiene que ser imperativamente limitado: no más de 30 minutos hasta los 5 años, después no más de una hora. Esta hora de tele tiene que estar acompañada por los padres. Instálate en el sillón con tu hija o hijo, elige el programa y quédate con él, con el fin de permitirle comentar, preguntar, responder y explicar. Esta actitud “activa” frente a las imágenes permite al niño tener perspectiva respecto a éstas, adquirir costumbres críticas (ya no reciben las imágenes de forma literal), en resumen, estructurarlas. Explícale, muéstrale los detalles que permiten a los pequeños descifrar: explícale, por ejemplo, cómo se hacen los dibujos animados, descompón los efectos especiales, háblale de los estudios de televisión. En definitiva, en este campo, ayúdale a no creer en los cuentos de hadas... La tele no es mágica.

¿En qué momento es mejor que vea la tele?
Es mejor que no sea siempre a la misma hora, ya que podría convertirse en una especie de cita, asumido enseguida como una rutina y una obligación. Para evitar discusiones o lloros, proponle otra actividad a la hora del programa ¡y no hables del mismo! En cualquier caso, nada de tele por la mañana, momento del día en el que los niños están más receptivos. Prefiere el final del día aunque, no demasiado tarde.

Sed claros con vuestros hijos: indicadles las reglas del juego y sed firmes. ¡Cuando se pasa la hora, se apaga! ¿Un gran capricho? No es grave. Permanece intratable: la próxima vez no habrá recriminaciones.

lunes, 15 de febrero de 2010

Articulo: ¡A la ducha noooo!

"Es una batalla diaria. Tengo que arrastrarlos a la ducha como si les llevara a una tortura china y huyen del agua como de la peste. Si por ellos fuera, por la mañana se pasarían las manos por la cara como un gatito y, así mismo saldrían a la calle. A veces tengo tentaciones de ver hasta donde son capaces de llegar, pero me rindo cuando veo aquellos churretones por sus brazos y me doy cuenta de que huelen fatal. ¿Por qué a cierta edad manifiestan esta repentina aversión por todo lo que significa limpieza? ¿Es que no les molesta ir sucios?" 

 A los seis años los niños han alcanzado un cierto grado de autonomía, empiezan a comprender cómo se organiza el mundo de los adultos y están en proceso de asumir las normas de la sociedad en la que están inmersos. Pero en lo que a higiene se refiere, son duros, muy duros de pelar. No hay manera de sumergirlos bajo el chorro de agua y por supuesto, que se laven por iniciativa propia, es casi un sueño. Ni por asomo les molesta llevar las uñas en un lamentable estado de aseo, tener las rodillas de un sospechoso color pardo y que en brazos y piernas aparezcan los habituales chorretones de mugre. Y el cepillo de dientes… ¿qué era eso exactamente?

¿Por qué no les molesta la suciedad?


No debemos preocuparnos ante sus muestras de dejadez. Hasta que el sexo contrario no empiece a interesarles de veras, no contemplarán seriamente la posibilidad de cuidar su aspecto. El que se resistan a practicar esto de la higiene personal no es síntoma de rebeldía. Sencillamente, la limpieza está todavía en un puesto bastante bajo en su lista de prioridades. Tienen cosas más importantes que hacer.
¿Qué importancia puede tener el aspecto físico cuando hay a cada momento millones de cosas interesantes por hacer? Para ellos el mundo es fascinante: cada día aprenden miles de cosas y además, están ocupados en comprender y medir el sitio que se les reserva en el mundo con respecto a las cosas y gente de su entorno: la escuela y los profesores, la casa y la familia, la calle y los amigos… Además, deben ejercitar su imaginación desbordante y cada día se convierten en protagonistas de aventuras fantásticas. Luego, claro está, hay que comer y dormir. Si echamos cuentas, poco queda para el cuidado personal. Y, ¿quién va a reparar en que las orejas están un poco más sucias de lo normal?, ¿es que alguno de sus amigos va a reprocharle esa ducha que le falta? ¿por qué iba a molestarse en cepillarse los dientes? 
A pesar de todo, ¡nunca demos la batalla por perdida!

Evidentemente no vamos a permitir que nuestro hijo se pasee por ahí desaliñado y sucio. Estamos dispuestos a ponernos todo lo pesados que haga falta para que alcance un grado digno de aseo. Pero seamos astutos. No vamos a conseguir que se interese por la higiene a base de machacarlo con riñas y sermones. Al contrario, en el mejor de los casos, conseguiremos el efecto contrario al deseado, que coja todavía más aversión al agua y al jabón.

La primera norma para que se acostumbren a la higiene es que se la inculquemos como un hábito. Cada día a la misma hora y en el mismo orden debemos repetir los actos básicos de limpieza: lavarse la cara, los dientes, las orejas, peinarse... etc. Estos actos básicos deben acabar por formar parte de una rutina que se repita de forma automática. En cuanto a la ducha, si obligarles a una diaria nos parece someterles a demasiada exigencia, reduzcamos el número a tres o cuatro semanales aunque eso sí, fijemos los días. Que la ducha se convierta en costumbre afianzada e ineludible y no en algo movible que quizás sea hoy, quizás mañana, y quizás, si hay suerte, no sea.

Después, podemos ingeniar pequeños trucos para que no vivan las normas de higiene como una imposición o una orden. Demos por supuesto que van a hacerlo, dejemos creerles que tienen un margen de decisión personal y empujémoslos a realizarlos con frases positivas y no amenazadoras. En vez de:

"¿Todavía no te has duchado? ¡Mira que te lo he dicho cien veces!"; "¡Si no te lavas los dientes, no puedes salir a jugar!"; "¿Cómo vas a salir con estos pelos de casa? ¡Ve a peinarte de una vez!"

Empleemos frases como:

"¿Cuándo vas a ducharte, antes o después de cenar?"; "¿Vas tú antes o voy yo?"; "En cuanto te hayas lavado los dientes, ya puedes salir a jugar"; "¡Uy, qué divertido! Se te ha olvidado peinarte y menuda la pinta con la que casi sales de casa!", etc.

Toda la familia puede contribuir en la adquisición de los hábitos de higiene. Como los niños a menudo actúan por imitación, será muy recomendable que nos vean realizarlos y disfrutar con ellos. Si nos ven salir de la ducha con sensación de frescor, con una sonrisa radiante, o nos ven cantar bajo el chorro de agua, quizás empiecen a comprender que la ducha aporta bienestar y dejen de ver el cuarto de baño como la sala de torturas. ¿Y qué tal si de vez en cuando los realizamos todos juntos? Antes de comer, invitemos a todos los de casa a una lavada de manos conjunta. Puede resultar divertido y ser un buen incentivo para que empiecen a practicarlo habitualmente de forma autónoma.

También podemos motivarles permitiendo que tengan su propio "kit" de aseo personal: su tubo de pasta de dientes, su gel de baño, su esponja, su champú, su peine, etc. Esto suele gustar a los niños ya que les hace sentir un poco más adultos y responsables de sus cosas.

Por último, es muy aconsejable que se instruyan sobre las consecuencias que puede tener la falta de higiene personal. El dentista, el pediatra o el médico de familia son las personas más indicadas para mostrarle que no sólo se trata de una cuestión de imagen, sino de salud. A menudo los niños son más receptivos a los consejos que vienen de fuera de casa y los expertos suelen impresionarles.

En definitiva, armémonos de comprensión, bajemos el listón de exigencias y resignémonos a tener que estar pendientes de su higiene, sin que ellos sospechen que les estamos encima. El mínimo descuido puede suponer que vuelvan a las andadas y argumenten cosas como "¡Si ya me duché la semana pasada!" "¿Lavarme las manos? ¡Si no he tocado nada que estuviera sucio en toda la mañana!". 





"Es una batalla diaria. Tengo que arrastrarlos a la ducha como si les llevara a una tortura china y huyen del agua como de la peste. Si por ellos fuera, por la mañana se pasarían las manos por la cara como un gatito y, así mismo saldrían a la calle. A veces tengo tentaciones de ver hasta donde son capaces de llegar, pero me rindo cuando veo aquellos churretones por sus brazos y me doy cuenta de que huelen fatal. ¿Por qué a cierta edad manifiestan esta repentina aversión por todo lo que significa limpieza? ¿Es que no les molesta ir sucios?" 

 A los seis años los niños han alcanzado un cierto grado de autonomía, empiezan a comprender cómo se organiza el mundo de los adultos y están en proceso de asumir las normas de la sociedad en la que están inmersos. Pero en lo que a higiene se refiere, son duros, muy duros de pelar. No hay manera de sumergirlos bajo el chorro de agua y por supuesto, que se laven por iniciativa propia, es casi un sueño. Ni por asomo les molesta llevar las uñas en un lamentable estado de aseo, tener las rodillas de un sospechoso color pardo y que en brazos y piernas aparezcan los habituales chorretones de mugre. Y el cepillo de dientes… ¿qué era eso exactamente?

¿Por qué no les molesta la suciedad?


No debemos preocuparnos ante sus muestras de dejadez. Hasta que el sexo contrario no empiece a interesarles de veras, no contemplarán seriamente la posibilidad de cuidar su aspecto. El que se resistan a practicar esto de la higiene personal no es síntoma de rebeldía. Sencillamente, la limpieza está todavía en un puesto bastante bajo en su lista de prioridades. Tienen cosas más importantes que hacer.
¿Qué importancia puede tener el aspecto físico cuando hay a cada momento millones de cosas interesantes por hacer? Para ellos el mundo es fascinante: cada día aprenden miles de cosas y además, están ocupados en comprender y medir el sitio que se les reserva en el mundo con respecto a las cosas y gente de su entorno: la escuela y los profesores, la casa y la familia, la calle y los amigos… Además, deben ejercitar su imaginación desbordante y cada día se convierten en protagonistas de aventuras fantásticas. Luego, claro está, hay que comer y dormir. Si echamos cuentas, poco queda para el cuidado personal. Y, ¿quién va a reparar en que las orejas están un poco más sucias de lo normal?, ¿es que alguno de sus amigos va a reprocharle esa ducha que le falta? ¿por qué iba a molestarse en cepillarse los dientes? 
A pesar de todo, ¡nunca demos la batalla por perdida!

Evidentemente no vamos a permitir que nuestro hijo se pasee por ahí desaliñado y sucio. Estamos dispuestos a ponernos todo lo pesados que haga falta para que alcance un grado digno de aseo. Pero seamos astutos. No vamos a conseguir que se interese por la higiene a base de machacarlo con riñas y sermones. Al contrario, en el mejor de los casos, conseguiremos el efecto contrario al deseado, que coja todavía más aversión al agua y al jabón.

La primera norma para que se acostumbren a la higiene es que se la inculquemos como un hábito. Cada día a la misma hora y en el mismo orden debemos repetir los actos básicos de limpieza: lavarse la cara, los dientes, las orejas, peinarse... etc. Estos actos básicos deben acabar por formar parte de una rutina que se repita de forma automática. En cuanto a la ducha, si obligarles a una diaria nos parece someterles a demasiada exigencia, reduzcamos el número a tres o cuatro semanales aunque eso sí, fijemos los días. Que la ducha se convierta en costumbre afianzada e ineludible y no en algo movible que quizás sea hoy, quizás mañana, y quizás, si hay suerte, no sea.

Después, podemos ingeniar pequeños trucos para que no vivan las normas de higiene como una imposición o una orden. Demos por supuesto que van a hacerlo, dejemos creerles que tienen un margen de decisión personal y empujémoslos a realizarlos con frases positivas y no amenazadoras. En vez de:

"¿Todavía no te has duchado? ¡Mira que te lo he dicho cien veces!"; "¡Si no te lavas los dientes, no puedes salir a jugar!"; "¿Cómo vas a salir con estos pelos de casa? ¡Ve a peinarte de una vez!"

Empleemos frases como:

"¿Cuándo vas a ducharte, antes o después de cenar?"; "¿Vas tú antes o voy yo?"; "En cuanto te hayas lavado los dientes, ya puedes salir a jugar"; "¡Uy, qué divertido! Se te ha olvidado peinarte y menuda la pinta con la que casi sales de casa!", etc.

Toda la familia puede contribuir en la adquisición de los hábitos de higiene. Como los niños a menudo actúan por imitación, será muy recomendable que nos vean realizarlos y disfrutar con ellos. Si nos ven salir de la ducha con sensación de frescor, con una sonrisa radiante, o nos ven cantar bajo el chorro de agua, quizás empiecen a comprender que la ducha aporta bienestar y dejen de ver el cuarto de baño como la sala de torturas. ¿Y qué tal si de vez en cuando los realizamos todos juntos? Antes de comer, invitemos a todos los de casa a una lavada de manos conjunta. Puede resultar divertido y ser un buen incentivo para que empiecen a practicarlo habitualmente de forma autónoma.

También podemos motivarles permitiendo que tengan su propio "kit" de aseo personal: su tubo de pasta de dientes, su gel de baño, su esponja, su champú, su peine, etc. Esto suele gustar a los niños ya que les hace sentir un poco más adultos y responsables de sus cosas.

Por último, es muy aconsejable que se instruyan sobre las consecuencias que puede tener la falta de higiene personal. El dentista, el pediatra o el médico de familia son las personas más indicadas para mostrarle que no sólo se trata de una cuestión de imagen, sino de salud. A menudo los niños son más receptivos a los consejos que vienen de fuera de casa y los expertos suelen impresionarles.

En definitiva, armémonos de comprensión, bajemos el listón de exigencias y resignémonos a tener que estar pendientes de su higiene, sin que ellos sospechen que les estamos encima. El mínimo descuido puede suponer que vuelvan a las andadas y argumenten cosas como "¡Si ya me duché la semana pasada!" "¿Lavarme las manos? ¡Si no he tocado nada que estuviera sucio en toda la mañana!". 





martes, 2 de febrero de 2010

Epistaxis o sangrado de nariz no siempre es para preocuparse.

El sangrado nasal en los niños es bastante frecuente, y sin embargo, alarmante para padres e hijos. Conozca sus causas, y cómo prevenirlo.

El sangrado o hemorragia nasal, también llamada epistaxis, es un hecho que aparece con relativa frecuencia en los niños. Aunque es un cuadro desagradable, casi siempre carece de importancia, y la mayoría de las veces cede espontáneamente o presionando la nariz con los dedos.

La nariz es un filtro, un humidificador y también un calentador del aire que introducimos hacia los pulmones, por esto la nariz tiene muchos vasos sanguíneos por donde corre la sangre en gran cantidad y es fácil de sangrar.

CAUSAS
La mayoría de las causas son benignas y generalmente es una fosa nasal la que presenta sangrado.
Entre los más comunes se encuentran los cambios climatológicos, sobre todo cuando el ambiente está seco; alergia nasal, traumatismo por introducción de los deditos, rinitis crónica, empleo prolongado de descongestionantes nasales, resfriados repetidos por infecciones virales o bacteriana, anormalidad dentro de la nariz, como pólipos y tumores.

Es importante tomar en cuenta que un sangrado de nariz en un adolescente puede ser por el uso de droga que se inhalan por la nariz como la cocaína o el crack.

El sangrado de nariz serio y en las dos fosas nasales, puede ser por un trauma o por un problema hereditario en la coagulación de la sangre.

¿QUÉ HACER?
En caso de que su niño presente sangrado de nariz, lo primero que debe hacer es no alarmarse, ya que la mayoría de los sangrados son de poca importancia y se resuelven espontáneamente.

El niño debe ponerse sentado o de pie y con la cabeza inclinada un poco hacia delante, para no tragar la sangre.

Debe presionar firmemente la parte blanda de la nariz con los dedos pulgar e índice, y en dirección hacia la cara (empujando un poco), mantenga presionado durante 5 ó 10 minutos.

Aplique hielo (molido en una bolsa de plástico, o envuelto en tela) a la nariz y las mejillas.

Si después de esto el sangrado continúa debe sonarse la nariz intentando expulsar los coágulos de sangre de su interior y colocar algodón. Puede aplicar gotas de descongestionante nasal.

Una vez colocado el algodón aplique nuevamente presión nasal con los dedos durante otros 5-10 minutos.

Si no cede el sangrado con estas medidas, debe acudir al médico. Asimismo, cuando el sangrado ha sido muy intenso o cuando el estado general del niño no es bueno.

PRECAUCIONES

- Evitar introducir los dedos en la nariz
- Uñas. Mantener las uñas cortas. Sonarse la nariz con delicadeza
- Remedios caseros. Utilizar humidificadores en ambientes secos o hacer vaporizaciones caseras o lavados nasales con solución salina. Aplicación nasal de vaselina
- Estornudos. Procurar no estornudar violentamente. Si se estornuda, intentar hacerlo con la boca abierta
- Evite. el ácido acetil salicílico (aspirina) u otros no son recomendables.



El sangrado nasal en los niños es bastante frecuente, y sin embargo, alarmante para padres e hijos. Conozca sus causas, y cómo prevenirlo.

El sangrado o hemorragia nasal, también llamada epistaxis, es un hecho que aparece con relativa frecuencia en los niños. Aunque es un cuadro desagradable, casi siempre carece de importancia, y la mayoría de las veces cede espontáneamente o presionando la nariz con los dedos.

La nariz es un filtro, un humidificador y también un calentador del aire que introducimos hacia los pulmones, por esto la nariz tiene muchos vasos sanguíneos por donde corre la sangre en gran cantidad y es fácil de sangrar.

CAUSAS
La mayoría de las causas son benignas y generalmente es una fosa nasal la que presenta sangrado.
Entre los más comunes se encuentran los cambios climatológicos, sobre todo cuando el ambiente está seco; alergia nasal, traumatismo por introducción de los deditos, rinitis crónica, empleo prolongado de descongestionantes nasales, resfriados repetidos por infecciones virales o bacteriana, anormalidad dentro de la nariz, como pólipos y tumores.

Es importante tomar en cuenta que un sangrado de nariz en un adolescente puede ser por el uso de droga que se inhalan por la nariz como la cocaína o el crack.

El sangrado de nariz serio y en las dos fosas nasales, puede ser por un trauma o por un problema hereditario en la coagulación de la sangre.

¿QUÉ HACER?
En caso de que su niño presente sangrado de nariz, lo primero que debe hacer es no alarmarse, ya que la mayoría de los sangrados son de poca importancia y se resuelven espontáneamente.

El niño debe ponerse sentado o de pie y con la cabeza inclinada un poco hacia delante, para no tragar la sangre.

Debe presionar firmemente la parte blanda de la nariz con los dedos pulgar e índice, y en dirección hacia la cara (empujando un poco), mantenga presionado durante 5 ó 10 minutos.

Aplique hielo (molido en una bolsa de plástico, o envuelto en tela) a la nariz y las mejillas.

Si después de esto el sangrado continúa debe sonarse la nariz intentando expulsar los coágulos de sangre de su interior y colocar algodón. Puede aplicar gotas de descongestionante nasal.

Una vez colocado el algodón aplique nuevamente presión nasal con los dedos durante otros 5-10 minutos.

Si no cede el sangrado con estas medidas, debe acudir al médico. Asimismo, cuando el sangrado ha sido muy intenso o cuando el estado general del niño no es bueno.

PRECAUCIONES

- Evitar introducir los dedos en la nariz
- Uñas. Mantener las uñas cortas. Sonarse la nariz con delicadeza
- Remedios caseros. Utilizar humidificadores en ambientes secos o hacer vaporizaciones caseras o lavados nasales con solución salina. Aplicación nasal de vaselina
- Estornudos. Procurar no estornudar violentamente. Si se estornuda, intentar hacerlo con la boca abierta
- Evite. el ácido acetil salicílico (aspirina) u otros no son recomendables.



 
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